LA QUIERO A MORIR
Imagino que ésta es la carta de amor que te hubiera gustado recibir de mi parte,aunque en realidad nunca me lo pidieras. Daría lo que fuera por echarla en tu buzón y volverme invisible a tu lado, en el momento que la leyeras.
Me costó entender que amar no encarcela los espíritus libres sino que, muy al contrario, los libera. Y eso, mi amor, lo aprendí de ti. Fui tan egoista que puse un muro entre mi corazón y mis palabras, sin darme cuenta de que tú las necesitabas tanto como las necesito yo ahora.
He tardado tanto en ser sincero porque, sencillamente, tenía miedo. Un miedo absurdo a perder tus abrazos, a no poder amar como lo haces tú, a no ser lo que esperabas que fuera. Miedo, al fin y al cabo, de cosas sin sentido. Creía que no podía darte el auténtico amor del que tú siempre hablaste, tan fácil, tan incomprensible para mi. Ahora sí lo comprendo.
Ahora que veo cómo tus ojos se apagan cuando me miran, por fin entiendo: el amor es sencillo. Perdona si esto llega demasiado tarde y permite que diga, de una vez para siempre, que te quiero. Que siempre te quise y no hubo nadie como tú en mi vida.
Ahora que ha desaparecido de tus labios la eterna sonrisa que iluminaba mis días, descubro que te necesito como nunca imaginé y rezo en silencio para que vuelvas.
Estoy imaginando la cara que pondrías si leyeras esto. Veo tus ojos con lágrimas a punto de asomar y noto cómo respiras hacia adentro para no romperte... Escucho los reproches que salen de lo más hondo por llegar en momento tan inoportuno, con él cerca, disfrutando de ti como yo nunca supe hacer.
Sólo puedo decir que cada noche veía tu sonrisa antes de dormir, que tu mirada me llegaba al corazón y amaba tu manera de hablar, de soñar, hasta amaba cuando llorabas.
Nunca me pediste nada, pues es bien cierto que al final de todas las nadas, lo que sucede es que uno echa a volar. Y con razón. Permite que mis últimas palabras sean en forma de canción... A la vista está que yo no he sabido pronunciarlas.
Espero que con esto puedas perdonar tantas torpezas y ojalá todo aquello que rompí tenga, en algún momento, remedio. Te quiero a morir.
LA QUIERO A MORIR
Pasan tres minutos de las doce de la noche. En la radio, una carta sincera descubre que amar es algo tan sencillo... Aunque a veces se aprecie demasiado tarde.
Carta anónima reproducida en un artículo de Lorena Berdún. Ya la publiqué en mi antiguo blog, pero vuelvo a reproducirla porque me encanta.





javier-caspito dijo
Pues siento decir que estas cartas me brepatean por cursis. Hay que dar la cara al decirlo
13 Febrero 2007 | 06:33 PM